Saioa (14-2-09)

Aquella mañana nos iba a deparar una jornada bastante dura, habíamos quedado en la plaza a las 9 de la mañana para subir el Saioa, partiendo desde el puerto de Belate.
En esta ocasión nos acompañaba Kutxo que no había subido un monte desde hacia por lo menos un año, según nos confeso.
El día estaba nubloso y un poco mas cuando aparcamos el coche en el puerto de Belate y nos calzamos las botas.
En ese momento observamos que como siempre en este monte nos íbamos a encontrar con bastante gente y es que casi no podíamos aparcar el coche en sus inmediaciones.
Una vez calzados partimos por un camino rumbo al monasterio de belate, el suelo se encontraba un poco embarrado debido a la nieve y lluvia que unos días anteriores había caído, sin embargo eso no era lo que nos iba a preocupar mas adelante.
Llegamos al monasterio de Belate y ahí tomamos una vieja pista medieval, con el suelo empedrado que nos hacia llegar hasta el viejo alto de belate, donde se podía ver, flanqueado por menhires, la vieja calzada romana y medieval que aún con el paso de los años seguía existiendo.












A partir de la calzada medieval y del alto con los menhires continuamos camino hacia el bosque que nos encaminaba a la falda del saioa, nuestra ruta era la misma que la del GR-12, y es a partir de ese momento cuando tuvimos nuestro primer contacto con la nieve, que a partir de ese momento, sería continuo durante toda nuestra jornada montañera.

Nos internamos en el bosque , siguiendo un camino que discurría a la par de una regata con agua helada del mismo monte.
El trayecto por dicho bosque fue un trayecto tranquilo que solo fue alterado por la presencia de un grupo de montañeros, que tenían la debilidad de pararse a hacer fotos o almorzar en los sitios mas inadecuados, no permitiendo al resto de los montañeros seguir su marcha con normalidad. Especialmente llamativo fue que se pararan y casi no permitieran el paso en el lugar mas dificultoso del bosque, donde el camino (una senda estrecha) deja la regata y empieza a ascender rápidamente hasta llegar a la falda del Saioa ya libre de arboles.
Cuando dejamos el bosque, vimos la cruel realidad de lo que nos iba a deparar el Saioa, nieve, viento, niebla cerrada y frío.
Aun así, comenzamos a ascender con la única guía de las estacas del GR-12, que nos indicaban el camino que nos llevaba hacia el collado, aun así era bastante difícil verlas por la escasa visibilidad que había, llegando mas adelante a ser un espectáculo donde mirases por donde mirases solo veías el color blanco.
La verdad es que era una sensación nueva, nunca antes nos habíamos encontrado en medio de un monte con una niebla tan cerrada y el suelo blanco por la nieve, lo mas parecido que habíamos visto es la típica imagen de película cuando una persona sube al cielo y entre unas nubes solo se ve el color blanco.
No faltó el comentario de que a ese momento solo faltaba que apareciera una imagen de un hombre con una túnica blanca y dijera que era un ángel , Dios, Jesús o San Pedro. jejeje....

Poco después de alcanzar el collado se nos unió un hombre a nuestra expedición, el hombre provisto de un GPS de montaña y con la escasa visibilidad no hacia mas que mirar cada poco rato la dirección a seguir, si bien cabe decir que gracias a la labor voluntaria de marcado de los GR en Navarra en el último año y a sus estacas, supimos hacia donde orientar nuestros pasos.

Continuamos nuestros pasos por una ascensión suave y por algún que otro repecho corto que nos llevó hacia la cima del Okolin (1358 m), una cima previa al Saioa, hay que pensar que desde el collado hasta dicha cima sólo hay 138 metros de desnivel.
Fue a partir de dicha cima cuando el monte se nos volvió mas duro, comenzamos a bajar el Okolin para llegar a las rampas finales del Saioa (situadas a 1230 m). Ahí al frío intenso, a la nieve y a la niebla se nos unió el viento, que desde dicha cima hasta la del Saioa sería continuo, llegando a desequilibrarnos en algún que otro golpe de viento.
Fue en esos momentos cuando nos empezamos a dar cuenta en nuestras ropas, que por donde el viento nos golpeaba se comenzaba a crear una fina capa de hielo, producto de la mezcla del frío con las gotas que desprendía la niebla.
Cuando ascendimos las ultimas y duras rampas, la nieve helada nos hizo mas de una vez resbalar, haciendo mas dificultoso la subida de los últimos 200 metros de desnivel que nos separaba de la cima.
Una vez llegados a la cima (1418 m) nos juntamos con unos Gipuzkoanos que habían subido por la otra cara del Saioa con esquis de travesía.
Ahi nos hicimos las clásicas fotos y almorzamos rápidamente, ya que el frío y el viento no nos permitió el estar quietos un buen rato, debíamos movernos.
Ahi en el Saioa volví a recordar mis campamentos y mis años de chaval y monitor de Albatros y es que es justo en dicha cima donde se encuentra un buzón del Club en recuerdo del 25 aniversario de su fundación.
Después volvimos sobre nuestros pasos y deshicimos lo andado, el tramo mas duro fue la vuelta a ascender el Okolin que junto con el cansancio y el viento se nos hizo duro.
Yo hubo un rato que lo pase bastante mal ya que me dolía mucho una mano por el frío, la sensación que tenía es la misma que cuando haces una guerra de bolas de nieve sin guantes y se te empieza a congelar la mano. Menos mal que solo me duro 10 minutos el dolor.

Mas tarde continuamos el descenso y vimos que la nieve estaba mas blanda, algún que otro resbalon y llegada al coche.

La mañana fue larga, nos costo 4 horas el subir y el bajar, lo pasamos bien, lo malo que no tuvimos ni una sola vista y un tiempo de lo mas inapacible, menos mal que no empezó a llover porque habría sido ya el colmo....

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